Reglas de oro de la Psicología Clínica

Presentación:


Drs

Drs. Mª Nieves Martínez-Hidalgo y Juan José Regadera


El autor analiza algunos hábitos referentes al alcance que debe tener la formación personal del psicólogo clínico en el ejercicio profesional de su labor, lo que se conoce como psicoterapia. Llega a la conclusión de que debe haber tres hábitos saludables para el desempeño de su “quehacer” psicoterapéutico: El “cuidado”, el “pensar” y “presentarse como se es”. Estos tres aspectos de la relación terapéutica son considerados por el autor como “Reglas de oro de la Psicología Clínica”.

La Psicología es una “labor” orientada a aliviar o mejorar a la persona que sufre o padece, pero este “arte de ayudar a mejorar” no es posible si no se basa en un conocimiento científico. Y ya que la práctica y la teoría psicológica son un conjunto de saberes que se imparten en la Universidad, es de rigor interrogar por la formación personal, relativa al bagaje humano del propio especialista.

Finalmente, el autor termina su reflexión abriendo un nuevo y original horizonte en la relación con la persona que solicita la ayuda. Pero la pregunta que ahora surge y tiene sentido tanto en el marco de la asistencia clínica privada como pública es: ¿Todo lo reflejado aquí tiene utilidad cuando se trata de ayudar? ¿Que la persona que acude a consulta necesite amor y ayuda, e incluso que sepa dirigirse al psicólogo, es esencial para un buen desempeño profesional? Nosotros creemos que sí.

No hay nada comparable con acercarse humanamente a otra persona, lo que une o liga unos a otros es la grandeza que subyace en cada uno de nosotros. Y esto se ve y se aprecia en las cosas intramundanas y, por lo tanto, al mundo como realidad. Se trata, pues, de una dimensión constitutiva de toda persona humana.

Por todo esto es pertinente apoyar la concordancia de las tesis del Dr. Regadera de la significación que “presentarse como se es” a la persona que solicita ayuda lleva a la creación de “puentes entre personas”. Pero todo ello es sólo algo así como el camino y marca el esfuerzo necesario para alcanzar una mejor relación psicoterapéutica.

Terminaremos preguntándonos si sería la actitud de los profesionales de buena voluntad, su interés por alcanzar perfección y plenitud en su hacer lo que motivará este modo de proceder psicoterapéutico, y respondemos que puede serlo, si el profesional tiende sinceramente a mostrarse ante el “Otro” como si fuese él mismo. Pero señalamos que nadie hubiese conocido tal posibilidad de perfección si no existieran personas que con su ejemplo de sinceridad, trasparencia y apertura ante los “demás” muestran el camino que todos debemos recorrer.

Me alegra presentar el presente trabajo, pues aunque parezca excesivamente separado del quehacer real de los psicólogos actuales, para mi es real y cotidiano. Yo creo que hoy debería escribirse más sobre el valor terapéutico de “presentarse como se es”, y no sólo en la consulta del especialista en psicología sino en cualquier ambiente de la vida misma.



Presentación profesional. Tarjeta de visita año 1984



Presentación profesional. Tarjeta de visita año 1985


Dra. Dª Mª Nieves Martínez-Hidalgo
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Psicóloga Especialista Europea en Psicoterapia y Clínica y Salud
Psicoterapeuta Acreditada, Colg. Nº MU-00216
Miembro Fundadora de Cattell® Psicólogos en Murcia



Título del artículo: “Reglas de oro de la Psicología Clínica”
Autor: Juan José Regadera
Editorial: Clínica Cattell Psicólogos
Año de publicación: © 2017, Juan José Regadera. Todos los derechos reservados


Reglas de oro de la Psicología Clínica


Indice:



Insignia de oro.
El símbolo (Ψ ψ) es el dibujo estilizado de una mariposa y aparece a partir de la unión de la letra Psi con la palabra griega “Psique”, que en un principio representaba a la “mariposa" y más tarde se empleó con el significado de “soplo de brisa”, “aliento”, “ánimo” y, finalmente, “alma”. Actualmente el Consejo Oficial de Psicólogos de España utiliza el símbolo como seña de identidad del colectivo de psicólogos colegiados de España.



Malos testimonios son los ojos y los oídos para el psicólogo clínico que no entiende su propio lenguaje (107) o anda buscándose así mismo (101), sin saber que no llegará a encontrar en su camino “la persona que se es”, ni aun recorriendo todos los caminos pues tan profunda dimensión tiene (45) su ser. Sólo “presentándose” ante otra persona “como se es” descubrirá la auténtica naturaleza de aquello que suele estar oculto (123) dentro de él. Del mismo modo que el sol es nuevo cada día (6), a cada nueva “presentación” se hará visible la armonía que invisible (54) antes yacía.

El presente ensayo está abierto a cualquier reflexión. El psicólogo clínico no tiene un verdadero juicio, unos dan por supuesto que unas cosas son justas e injustas otros (78). Pero a la mayoría de los psicólogos, como a la mayoría de las personas les pasan desapercibidas muchas de las cosas que hacen despiertos, del mismo modo que se olvidan de lo que hacen cuando están dormidos (1). Por tanto, es necesario seguir lo común; pero, aunque este sentido común se muestre, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular (2), y deja pasar por alto que es sabio convenir en que todas las cosas que se pueden ver, oír y percibir (55), son una y lo mismo. La conducta de cada uno de nosotros, lo mismo que los cambios del mundo exterior, y la comprensión de la verdadera constitución de las cosas, son necesarias para que entre todos podamos convertir en ineficaces la insensatez personal. De estas y otras cosas tratará el trabajo que hemos preparado para usted.


Amigo de la soledad, y enemigo de la multitud -del “rebaño” de los ciudadanos, Heráclito pareció querer expresar su pensamiento sólo para los “pocos”. Su estilo de pensar es el de un oráculo; recibió por ello el sobrenombre de “el oscuro”, por la cual no hay que entender “melancolía” en el sentido actual, sino “impulsividad”. Pueden consultar los fragmento de Heráclito en el capítulo VI: "Heráclito de Éfeso", pp. 258-303 (los números entre paréntesis aparecidos a lo largo del texto corresponden a fragmentos corregidos)



Espero que les guste y lo disfruten, y que sean benevolentes –especialmente por la osadía de corregir algunos de los fragmentos de Heráclito-, pues bien sé, que no soy profesional de la filosofía y que por lo tanto carezco de conocimientos y metodología adecuada, sin embargo, la actividad clínica y la actividad profesional obligan a una actividad filosófica.


¿Existen reglas de oro para identificar a un buen psicólogo clínico?


“Todo el mundo acude al psicólogo con la inconsciente expectativa de salir de allí cuanto antes, con una solución sencilla y sobre todo útil bajo el brazo, como quien se compra un diccionario de bolsillo con las frases hechas que va a necesitar para sus necesidades más primarias en un país extranjero. Pero, qué va. Con el psicólogo no se va de compras. Con el psicólogo se elabora el diccionario. Pero claro, yo esto no lo sabía”. (texto parcialmente manuscrito fechado 1993 de una persona a su paso por consulta)


Las sociedades científicas de psicología velan por la formación académica, la formación profesional y la formación personal de sus asociados. Uno de los servicios que ofrecen, es poner en contacto al ciudadano que demanda atención psicológica con los profesionales afiliados dependiendo de la orientación académica que practique el psicoterapeuta en el ejercicio de su labor y dependiendo así mismo, de las necesidades de quien solicita la ayuda.



¿Qué necesita el psicólogo para “elaborar” el diccionario?


Necesita basarse en un conocimiento científico y en un conocimiento personal. Lo primero, se imparte en la Universidad, lo segundo es lo que trataremos de aclarar.



Formación Académica: Año 1982, Conferencia en el Hospital Psiquiátrico Provincial "Román Alberca” de Murcia


¿Cuál podría ser la regla de oro en la formación académica y profesional del psicólogo clínico?



Formación Académica. Papeletas de asignaturas: notas de exámenes


Desde nuestro punto de vista, la pregunta conlleva un error de planteamiento.

Tras 40 años de formación universitaria y de ejercicio profesional hemos descubierto que no existe “regla de oro en la formación académica y profesional del psicólogo” sino “regla de oro en la formación personal del psicólogo”, y esto no debe ser entendido como un juego de palabras.

La Psicología debe ser definida por su finalidad, es decir, como el conjunto de saberes orientados al alivio o la mejora de la persona que solicita la ayuda, para lo cual desarrolla unos conocimientos que intenta que sean científicos sobre aspectos biológicos, conductuales o psicológicos concernientes a la esfera de lo humano. Sin embargo, y esto es lo que queremos destacar, estos conocimientos se nos muestran insuficientes.

Pongamos un ejemplo:


Formación Académica: Justificante de las tasas de expedición del título de Licenciado en Psicología


La Dra. Mª Nieves Martínez-Hidalgo, pertenece a la 3ª Promoción de Psicología (1977-1982), y quien esto escribe, de la 6ª (1980-1985), ambos pertenecientes a la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación (Sección de Psicología) de la Universidad de Murcia. Durante nuestra etapa juvenil post-universitaria, la formación académica recibida en “psicología clínica” y en “psicología de la salud”, entendidas como ciencia del comportamiento, fue, paulatinamente, actualizándose, teórica y metodológicamente, en el modelo cognitivo-conductual. Más adelante, al llegar a la madurez intelectual, los conocimientos psicológicos se vieron enriquecidos por el modelo antropológico-contextual, que engloba, entre “otros”, la psicología humanista de siempre. El conjunto de saberes psicológicos adquiridos procedía de diversas fuentes, entre ellas, por supuesto, de los conocimientos establecidos en la Psicología, pero también, de saberes universales extraídos de la literatura, la filosofía, la antropología, la sociología, la lingüística, la pedagogía, la sabiduría mundana (refranes, fábulas, metáforas, películas), la observación sistemática de la gente en su contexto, y, lo más importante, de la propia práctica profesional debidamente sistematizada en nuestro entorno laboral, y nada de ello se ha mostrado suficiente para dar respuesta a la pregunta con la que iniciábamos nuestra reflexión acerca de la regla de oro de la formación académica del psicólogo.


Insignia de plata.
El Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia, nos hizo entrega de la Insignia de Plata Colegial con motivo de nuestro 25 aniversario en el ejercicio de la práctica profesional, dentro del Acto de Celebración de los Galardones de la Psicología Murciana, que tuvo lugar el 22 de octubre de 2010 en el Hotel Nelva de Murcia.


Los Drs. Mª Nieves Martínez-Hidalgo y Juan José Regadera en el Acto de Entrega de Títulos Europeos de Especialista en Psicoterapia por la European Federation of Psychologists' Associations (EFPA, 2011) en la sede del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia.


No es este lugar para debatir las metas que deben presidir la formación de los futuros psicólogos en su campo de actuación, sobre lo cual se han ocupado numerosos profesores universitarios, expertos de la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.), y miembros de la American Psychiatric ó Psychological Association, pues –y en esto seguimos a Heráclito, lejos de parecer altaneros y desdeñosos- “El conocimiento de muchas cosas no enseña a tener inteligencia” (fragmento 40).


Llegados a este punto, replantearemos de nuevo la pregunta:


¿Cuál podría ser la regla de oro en la formación personal del psicólogo clínico?


Sin olvidar la necesidad de comprender a la persona y sus necesidades, conflictos y complejas relaciones con el medio –y en esto seguimos a la O.M.S.-. El enfoque de formación personal del psicólogo que proponemos, requiere, no sólo, de habilidades interpersonales integradas en el estilo del profesional a modo de hábitos personales que van más allá de la técnica y la práctica psicológica que supone la experiencia adquirida a través del aprendizaje y el entrenamiento de sus propias rutinas, e incluso de las habilidades de trato social mundanamente aprendidas, sino que además, y esta es la aportación de la Clínica Cattell® Psicólogos en Murcia, requiere de dos hábitos, como son el “cuidado” y el “pensar” – en el sentido de Heidegger (2000)-, que englobarían la regla de oro de la formación personal del psicólogo clínico: “presentarse como se es”.

Estos tres componentes, el “cuidado”, “el pensar”, y “presentarse como se es”, en el modo de proceder habitual del psicólogo, lo convertirá en un auténtico profesional que actúa con conocimiento de causa, sabedor de lo que hace, y de lo que ofrece.

Y esto es así, porque antes de cualquier otra reflexión por parte del psicólogo, es necesario comprenderse, si así lo entendiéramos todos los profesionales de la salud mental, cada uno de nosotros sería un ejemplo para los demás, porque la persona solo puede ser entendida dándole un valor, es decir, siendo un sentido para el Otro. De aquí, y aunque no deja de ser una osadía, corregiremos una cita de Sócrates que dice: “todas las personas en esencia son inmortales pero las personas justas, son inmortales y divinas”, a lo que nosotros añadimos, cada persona es un “puente” para otra persona.



Sócrates



¿Qué queremos decir con la tesis: “cada persona es un puente para otra persona”?


La respuesta es difícil y problemática porque toca de lleno la esfera de la libertad y la elección personal. Y además, porque supone un riesgo y, por lo tanto nos exponemos a un posible fracaso. Pero debemos arriesgarnos a ello aunque sólo fuera por nuestra condición de Psicólogos, ya que los conocimientos psicológicos sólo tienen sentido en la medida que están orientados a aliviar el malestar de las personas.

Tradicionalmente las personas en su presentación frente a otros, se mostraban con discreción y reservas. Esta actitud, aceptada durante largo tiempo como un valor, ha dado sentido a la vida. Pero en la actualidad, debido a la ruptura con los valores que en el pasado nos sustentaban y al auge de las redes sociales e internet, se le ha dado valor a modos o formas de vida que, por así decirlo, tienen un valor añadido, y que no surgen de la esencia misma de la persona. Nos referimos al mundo de las apariencias.

Para nosotros, como psicólogos, el valor máximo es el de la entrega a los demás, el del altruismo y la Solidaridad. Y esta entrega se debe hacer presencial porque, por paradójico que parezca, el cuerpo, el cuerpo visto por la cultura occidental, no es la frontera que nos aísla del resto del mundo -frontera que también queda establecida por las redes sociales-, el cuerpo es, precisamente, lo que nos une a los demás.

El conocimiento de otra persona no es meramente asimilación visual-digital-online sino que es, por el contrario, compenetración plena con ella. Cuando “Yo" me encuentro con “Otra” persona y me presento ante ella tal cual soy, entro en su intimidad personal separándolo de su autonomía -de su independencia-, siempre y cuando ella lo elija o decida. Si ocurriese así, mi presencia y su presencia formarían los pilares del “puente” que “Otros” recorrerían. Visto así, “cada persona es un puente para otra persona”.

Nosotros diremos -parafraseando a Unamuno-: eres hueso y carne como yo, pero no quiere decir que seamos de la misma naturaleza. Lo que queremos decir, es que la persona que ante mí está y se presenta, me es esencial, pertenece a lo más íntimo de mi “Yo”, y esta declaración de Confianza -cargada de Esperanza- forma el puente por el que “Otros" caminarán.

Aquí, Confianza es asimilación vital del otro hasta llegar a ser un mismo “puente”, una “misma relación verdadera”. Visto así desaparece el Yo-Tú afectivo para convertirse en un Yo-Tú real y efectivo. La persona en cuanto “puente para otra persona” deja de estar aislada y se convierte en un modelo para el Otro.

El “puente" arriba y abajo es uno y el mismo (60). Cada par de pilares que dan forma al “puente" son, por tanto, una unidad, y la suma de pilares una pluralidad. Lo que esto quiere decir, es que las personas cuando se encuentran “cara a cara y se presentan como son" en conjunto son todo y no todo, idénticas y no idénticas, armónicas y no armónicas (10). De aquí que “puentes" diferentes resultan estar también interconexos.


Los pilares dan al “puente” unidad y la suma de pilares una pluralidad


Entendemos bien por qué convenimos que el valor máximo debe ser siempre la confianza, que vendrá precedida de la Espera y la Esperanza -en el sentido del Laín Entralgo-.

Las personas deben comprender cómo la construcción de “puentes entre personas”, aun dada su variedad, puede concordar consigo mismo, o dicho literalmente, cómo los pilares del “puente", estando separados, puede reunirse consigo mismo: hay una armonía tensa hacia atrás, como en el arco y en la lira (51) pero esta tensión inicial del encuentro entre dos personas, lejos de provocar ruptura aporta fortaleza. Pues quien no espera de un encuentro presencial lo inesperado no llegará a encontrarlo, por no ser el encuentro con el otro, ni escrutable ni accesible (18).

Bien mirado, conviene saber que en cualquier relación de correspondencia entre dos personas la justicia es discordia, y que la propia relación sobrevive por la discordia y la necesidad (80) pues el “puente”, en la etapa inicial del encuentro, surge por el “querer" (que es siempre esperar algo a cambio), y no por el “amor" (que es dar a cambio de nada). Esto último, sólo llegará con el tiempo.

Que “cada persona sea un puente para otra persona” no quiere decir que la discordia entre las personas desaparezca pues, al igual que aguas distintas, fluyen sobre las que entren en los mismos ríos. Se esparce y se junta, se reúne y se separa, se acerca y se va (12), el “puente" resiste y permanece aunque en ocasiones se mueva y no esté quieto. Pues las personas dispuestas a construir “puentes" son como la corriente de un río, no podemos sumergirnos dos veces en el mismo río pues está en constante movimiento aunque las aguas mantengan la medida, la unidad y el equilibrio en el cambio.


Que “cada persona es un puente para otra persona” no concluye con la búsqueda de sí mismo (101) pues el “puente” ni habla ni oculta nada, sólo nos ofrece la posibilidad de escoger una relación en vez de centrarnos en todas las demás ( 29), ya que cuando la persona termina la construcción del “puente” es cuando empieza la búsqueda de su carácter.


Veamos un ejemplo de "Cada persona es un puente para otra persona":

Título de la obra: “Cada persona es un puente para otra persona o el mundo es teatro”
Autor: Juan José Regadera
Editorial: Clínica Cattell Psicólogos
Año de publicación: © 2017, Juan José Regadera. Todos los derechos reservados


Cada persona es un puente para otra persona o el mundo es teatro


Prólogo


“¡Mi querido lector! ¡Lee, si es posible, en voz alta! ¡Y si lo haces, gracias por
ello! Y si no lo haces tú, mueve a otros a ello, y gracias a cada uno de ellos y a
ti de nuevo. Al leer en voz alta recibirás la más fuerte impresión, la de que
tienes que habértelas contigo mismo y no conmigo, que carezco de autoridad,
ni con otros, que te serían distracción.”
Søren Kierkegaard


“Sólo quien sabe lo que cuesta la libertad puede sentir la necesidad de hacerlo todo análogo a ella y de extenderla sobre el Universo entero” (Schelling)


Este prólogo es, en realidad de apariencia, un epílogo. “Cada persona es un puente para otra persona o el mundo es teatro”, es una obra teatral en cuatro actos adaptada para ayudar a comprender que, y en esto seguimos a Unamuno (1977), además de la persona real que uno es, la persona real que es para los otros y la persona que uno cree ser, existe, también la persona que uno quisiera ser, y que esta última persona es en él, en su seno, el creador, y es el real de verdad. Pero que como todo en esta vida, hay quien quiere ser y quien quiere no ser. Si elegimos o decidimos ser debemos quererlo siendo, es decir, desenvolviéndonos en relación y trato con los Otros.

Si es real y verdadero nuestro deseo de que queremos ser o llegar a ser, si esta fuerza innata o ley individual determina más que otra alguna nuestro destino, no es solo lo innato lo que debemos escuchar, es también lo adquirido, el medio ambiente, especialmente la sociedad. Estamos abiertos al mundo exterior y no sólo encerrados en nosotros mismos.

Si de lo que se trata es de que tengamos una personalidad sana, joven y creativa, si la personalidad es el mayor bien que poseemos es precisamente por su carácter social. La personalidad sólo encontrará su plenitud en la “entrega y ayuda a los demás”, y su valor crece en la medida que se da y confunde con la personalidad del Otro.

Sólo en este acorde dual “cada persona es un puente para otra persona” vive la personalidad. Por consiguiente, la sociedad es el supuesto necesario para la realización de la vocación individual. La sociedad es la Escuela de Asistencia, el Aula de Cursos, en la que el Yo real, el Yo que soy para los demás, el Yo que creo que soy, y el Yo que quisiera ser, que es el meollo de nuestra vida personal, sólo lo alcanzaremos si hacemos uso de la Voluntad, si nos ponemos manos a la obra y ayudamos a construir “puentes” que conectarán con mundos personales que yacen aislados. Aunque, esto último, los actores/espectadores del mundo aún no lo saben.


PERSONAJES

PILAR 1
PILAR 2
PILAR 3
CUARTA PERSONA
PÚBLICO/ALUMNOS

(Sobre el telón, dos carteles: Centro de Asistencia y Dpto. de Formación, con pie de leyenda)


Centro de Asistencia Ciudadana: Aula de Cursos


Horario de formación al público



(Sube el telón)


ACTO PRIMERO


Sobre el escenario cartel Sala 1, en su interior PILAR 1 y una segunda persona



ESCENA I

Frente a frente dos personas interactúan. Ambos muestran actitudes opuestas que llevan a un centro común (el “puente"), pero claro, uno de ellos no lo sabe.

PILAR 1 sabe de su fortaleza –“se conoce a sí mismo”-, se “presenta" ante el Otro "tal cual es” sugiriéndole romper con las cadenas y alcanzar su verdadera libertad.1., e invitándole a elegir y a decidir si desea “presentarse como se es”.


ESCENA II

El Otro, acepta la invitación, toma la palabra y define su “presencia”. Al hacerlo amplía su autoconocimiento, adquiriendo conciencia y responsabilidad moral. Acaba de transformarse en PILAR 2.


(Baja el telón)

(Sube el telón)


ACTO SEGUNDO


Sobre el escenario cartel Sala 2 con pie de leyenda, en su interior PILAR 1 y PILAR 2


“Un puente no examinado no vale la pena recorrerlo.2."



ESCENA I

Cara a cara, PILAR 1 y PILAR 2, ambos dejan de ser un fenómeno intelectual producto de la razón para pasar a ser un “puente” dialogal.

Comienzan a dialogar y llegan al nacimiento de una nueva intimidad. Después de una constante cooperación, interrogación y réplica recíprocas, construyen el “puente” común de sí mismos que Otros observarán, escucharán y por el que caminarán.

El autoconocimiento propio, ahora convertido en mutuo, es el requisito previo y principal de la realización que les conectará con el mundo exterior a fin de gozar con los demás.

Concluye la construcción del “puente”.

(Baja el telón)

(Sube el telón)


ACTO TERCERO


Sobre el escenario cartel Sala 3 con pie de leyenda, en su interior PILAR 1, PILAR 2 y tercera persona


La soledad nos hace débiles



ESCENA I


Una nueva persona es invitada a que vea, oiga y perciba, cómo PILAR 1 y PILAR 2 dialogan entre sí, mientras el invitado camina arriba y abajo del “puente”. El camino es uno y el mismo (60).

PILAR 1 y PILAR 2 dan buenos testimonios de sí mismos. El invitado autorreflexiona despertando su lenguaje interior. Comienza a aprehender la realidad y entender su sentido. Se ha buscado a sí mismo. Ha transformado su ser en PILAR 3.

(Baja el telón)

(Sube el telón)


ACTO CUARTO


Sobre el escenario cartel Aula de Cursos, en su interior PILAR 3 y CUARTA PERSONA, ambos de pie, frente a frente, cara a cara, hay público/alumnos sentados en sillas observando



ESCENA I


(se escuchan las voces de PILAR 1, PILAR 2 y PILAR 3):

PILAR 1- “Que cada persona es un puente para otra persona” demuestra la coherencia subyacente a las cosas: que todas las cosas son una (1, 50).

PILAR 2- “Que cada persona es un puente para otra persona” muestra que la única verdad objetiva, absoluta, y universal que merece la pena conocer es el universo de la persona.

PILAR 3- “Que cada persona es un puente para otra persona” nos muestra que somos amantes del conocimiento y que las personas que habitan en nuestra ciudad son nuestros maestros y no los árboles o la comarca. 3.").


(Baja el telón, sobre el telón un cartel con direcciones y pie de leyenda)


De arriba-abajo y de abajo-arriba (60), es el mismo camino en dos direcciones que están obligados a encontrarse


FIN DE “CADA PERSONA ES UN PUENTE PARA OTRA PERSONA O EL MUNDO ES TEATRO”


Notas:

  1. Cita corregida de Montaigne –en Cassirer, 1977-
  2. Cita corregida de Sócrates en la Apología –en Cassirer, 1977-
  3. Cita corregida de Platón, Fedro, 230 –en Cassirer, 1977-

¿Por qué es importante construir “puentes entre las personas”?


La cuestión del origen del mundo – y en esto seguimos a Cassirer, 1977- se encuentra inextricablemente entrelazada con la cuestión del origen de la persona. El conocimiento y la presentación de sí mismo ante otra persona lo consideramos como una obligación fundamental de todo ser humano.

La persona, tomada en su conjunto, puede ser descrita como el proceso de la progresiva autoliberación de sí mismo. Este proceso de autoliberación se alcanza no sólo a través del trabajo y la organización de las estructuras sociales: familia, pareja, amigos, ocio, etc., sino también a través del pensamiento y del sentimiento.

El lenguaje, el mito, el arte, la religión, la ciencia constituyen las fases de este proceso liberador y representan los elementos y las condiciones constitutivas de esta forma superior de sociedad en la que todos nos encontramos. En cada una de estas fases, que componen el engranaje social, la persona descubre y prueba cómo construir su mundo propio, algo así como su mundo ideal. Sin embargo, la persona no puede encontrarse a sí mismo, ni percatarse de su individualidad si no es a través del encuentro con el otro, para ello debe someterse a las leyes de la sociedad y debe tener una participación activa en producirlas y un poder activo para cambiar las formas de la vida social y el modo de encontrarse en ella.

Las personas debemos comprender que, aunque se den direcciones opuestas es posible ponerlas de acuerdo consigo mismas. Es posible la armonía aún en la contrariedad (51). En todas las actividades humanas encontramos una polaridad fundamental posible de ser descrita de diversas maneras.


Pongamos un ejemplo:


En la cultura contemporánea actual, la unidad conceptual de que “Todo Es Mentira” se abre paso a pesar de anhelar “La Verdad”; la unidad conceptual de que “Nadie Quiere A Nadie” avanza a pesar de que “Buscamos Amor”. La persona gira en torno a estas dos tendencias, una trata de preservar las viejas formas mientras que la otra intenta imponer las nuevas. Este dualismo lo encontramos en todos los campos de la vida, de aquí que la persona se halla bajo una presión constante.

La persona no puede renunciar a la construcción de “puentes entre las personas”, a esa búsqueda de una unidad fundamental en este mundo ideal. Pero no tiene que confundir esta unidad “cada persona es un puente para otra persona” con la simplicidad. No debe ignorar las tensiones y las fricciones, los fuertes contrastes y los profundos conflictos entre las personas. No podemos reducirlos a un común denominador. Cada “pilar” que forma un “puente”, aunque tienda en direcciones diferentes y obedezca a diferentes principios, no significa discordia o falta de armonía. Todos los “puentes” se completan y complementan, pero cada nuevo “puente” abre un nuevo horizonte y muestra un nuevo aspecto ya que cada “pilar” se muestra como se es.


¡Es por la soledad! La soledad nos hace débiles


Si así lo entendieran las personas cuando se encuentran con otras personas, no sólo construirían “puentes”, sino que fabricarían “arcos” y en lugar de vérselas con depresión, ansiedad, obsesiones, fobias, inseguridad, miedos, etc., tratarían con el bordón (cuerda a lo largo del cual transcurre el “arco”) que sujetándola fuertemente en ambos extremos de la varilla de madera aprovechará la elasticidad de esta para tensar la cuerda hasta alcanzar la curva del arco deseada. Una vez ajustado, lanzarán la flecha con el sosiego de confiar que darán en la diana.

Esta diana, no es otra cosa, que “mi vida”, “nuestra vida”, no vida en soledad, vida en compañía.


¿Qué servicios ofrece a la comunidad el constructor de “puentes entre las personas”?


Este mundo, -el de “aquí” y “ahora”, en el que la “palabra”, la “expresión”, la “lógica”, el “pensamiento”, el “concepto”, el “discurso”, el “habla”, la “razón universal” (“ley” de todas las cosas), la “inteligencia”, los “principios”, las “normas”, lo que se “ dice”, lo que se “cuenta”, lo que se “habla”, la “significación”, lo que “une”, lo que “recogemos”, lo que “cosechamos”, lo que “seleccionamos”, etc.- está presidido, a grandes rasgos, por la insensatez personal. Necesitamos más que nunca un orden, una justicia y un destino para lo único que importa: “la persona”.

La “persona”, como dijimos, cuando adquiere rango de “Pilar” y, posteriormente, de “puente”, se ejercita en el arte de la construcción a través de la capacidad de Espera, Esperanza y Confianza en el trato con los demás.

La gran incertidumbre que actualmente nos rodea, no perturba el pensamiento del constructor de “puentes entre las personas” que mantiene una misma unidad comprehensiva:

Que los aspectos del mundo, y la conducta humana toda, están en relación con un descubrimiento central, que los cambios naturales y personales de todo tipo son regulares y están equilibrados y de que la causa de este equilibrio, al igual que el Ave Fénix, es que todo, aunque esté extinto renace de sus cenizas. O dicho de un modo aún más metafórico, que la realidad que nos rodea puede describirse como una pulsación o serie de pulsaciones regidas por una ley común que, aunque hagamos esfuerzos por extinguirla, la realidad en la que estamos, seguirá latiendo.

Estamos abiertos a cualquier discusión y ofrecemos nuestra disertación sobre la construcción de “puentes entre las personas” sabedores de que todo a nuestro alrededor está en permanente cambio, o en estado de devenir, de aquí que, frente a aquellas personas que aspiran a la inmovilidad del ser, en formato costumbre o tradición, les invitamos, a modo de reflexión, a que consideren los siguientes servicios:


La comprensión de la coherencia subyacente a las cosas; el entendimiento en el modo de operar del mundo; la unidad esencial de los opuestos, la pluralidad y su interconexión; el equilibrio total de la vida formado por la incesante “discordia” entre opuestos; la conservación de la medida y el equilibrio en el cambio; el autoconocimiento, el sentido común y la moderación son ideales que para el constructor de “puentes entre las personas” tienen una especial importancia en su explicación del mundo como una totalidad.


1. Que el conocimiento de sí mismo a través del encuentro con el Otro favorece la sabiduría mundana:

Una cosa es saber mucho y otra poseer entendimiento. Lo primero no implica lo segundo. Lo importante es un saber de lo esencial, de las cosas corrientes, de las gentes, de la persona que tengo enfrente, de la vida sin más, con aciertos y errores. Y para ello, tenemos que ver, oír y percibir a la persona que ante nosotros está. No utilizando un entendimiento privado sino un saber universal y plural: que todas las cosas se encaminan a través de todo.


2. Comprensión del cambio que se opera en las personas por el hecho mismo de vivir:

Tenemos que tomar conciencia de que todo es fluido y está en perpetuo movimiento. Todas las cosas fluyen y nada permanece quieto y, comparando las cosas existentes a la corriente de un río, podremos decir que nadie puede sumergirse en él dos veces. En definitiva, "todo fluye” y todas las cosas se mueven constantemente, del mismo modo, que “El Sol es nuevo cada día”. Y esto escapa a nuestra percepción.


3. La noción de oposición (y de conflicto) entre personas incluye a su vez la idea de armonía en la contrariedad:

Que “Todo Es Mentira" y que “ Nadie Quiere A Nadie", la misma unidad conceptual es y no es, porque las personas estamos en constante oposición y conflicto. Ahora bien, aunque la persona parece complacerse en la contraposición, no se trata tanto de contradicciones como de contrastes. Estos contrastes ofrecen dos características. Por un lado, se trata de unidades conceptuales amor-odio, verdad-mentira, que se contraponen cuando se aplican a la misma persona. Aquí no hay propiamente contradicción, pues no decimos que la persona no "ame" o que “odie", o que sea “verdad" o “mentira” lo que siente. No decimos que aparezca la emoción de modo opuesto en la misma persona. Por otro lado, el contraste se manifiesta como un doble camino. "El camino ascendente y descendente es el mismo” (60); es el mismo camino en dos posibles direcciones que se encuentran. El lugar donde se encuentra los opuesto es su fundamento. Lo que esto quiere decir es que cuando “amor y odio”, “verdad y mentira” se encuentran es el momento en que ambas unidades conceptuales se pongan de acuerdo consigo mismo, armonía de lo antagónico, pues aquí todo es uno y lo mismo.


4. La idea de unidad, orden y ley:

Todo lo aquí descrito debe arraigar en una ley “que todos nos necesitamos”. De este modo no sólo quedan ordenados los contrastes, sino también, y muy especialmente, el cambio entre las personas. Las cosas cambian y fluyen, pero no de cualquier modo. Cambian según un orden, lo inestable y lo permanente subyace o, mejor dicho, lo inestable subyace en lo permanente. Y por eso, decimos nosotros, que este mundo, el mismo para todos, basado en la construcción de “puentes entre las personas”, no fue hecho para unos pocos hombres, sino que siempre fue, y es, y será, el lugar de nuestros planes, nuestro campo de actuación y el lugar eternamente viviente, que se enciende con medida y se extingue con medida. Y que como tal, renacerá una y otra vez de sus cenizas o, en nuestro caso, del latido de nuestros corazones por el cual palpita.



A continuación, nos preguntaremos brevemente por los hábitos de “Pensar” y “Cuidarse”:


¿Cómo puede “cuidarse” el profesional de la psicología?


Conociéndose mejor así mismo.

Solo así “anticipará”, “proyectará” y “podrá llegar a ser” el especialista que aspira a ser.

Veamos un sencillo ejemplo sobre el concepto de “cuidado” personal, en el que la existencia está continuamente en juego:

Un periódico de tirada nacional, mostraba el siguiente titular: “El paciente que no se cuide podrá ser rechazado por los sistemas sanitarios”. El prestigioso cardiólogo español Valentín Fuster resumía, en la entrevista realizada, los cinco factores de riesgo (tabaco, colesterol, hipertensión, obesidad y edad) que pueden provocar enfermedades cardiovasculares siendo la primera causa de fallecimiento en España. En ella nos decía, que su prevención no está resultando nada fácil. Y ello no sucede porque no se sepa qué hay que hacer, sino porque la gente no está dispuesta a cambiar sus hábitos. Ante una “epidemia silenciosa” que “la gente no se cree” –añadía- puede llegar a suceder que “el paciente sea rechazado por los sistemas sanitarios. Algo que ya empieza a barajarse en países como Reino Unido o Suecia”.

Siendo fieles a los argumentos del profesor Fuster, y al hilo del pensamiento de Heráclito (fragmento 40), sería lícito proclamar, desde el punto de vista de la experiencia académica y personal, que una cosa es saber mucho y otra poseer entendimiento.

Recapitulemos sobre lo anterior, que el psicólogo alcance sabiduría sin más, no merecería nuestra confianza. Lo importante en verdad, es desarrollar un saber de lo esencial:


  • “Entender el modo en que opera el mundo” (Heráclito, 41)
  • “Estar instruidos en multitud de cosas” (Heráclito, 41)
  • “Saber que no sé nada” (Sócrates)
  • O que “El psicólogo que sólo sabe psicología, ni psicología sabe” (advertencia atribuida a Hipócrates, Pérez Álvarez, 1996)

Son formas de “cuidado” personal que mejoran la relación psicoterapéutica.


¿En qué debe de “pensar” el profesional de la psicología?


En aprender a pensar.



Tarjeta Postal. Presentación académica: solicitud de separatas de investigación.



Tarjeta Postal. Presentación académica: solicitud de separatas de investigación (reverso)


Conceptos, como “querer”, “percibir”, “juzgar”, “discurrir”, e “intuir”, deben de formar parte de la atmósfera de pensamiento del profesional.

Recurriremos, una vez más, a Valentín Fuster quien, en una nueva entrevista, con motivo de la imposición de la medalla de oro de “Spanish Institute”, nos decía: “El terreno más importante de la investigación es el pensar, no el hacer. El gran problema de la sociedad actual es que la gente no piensa”.

En efecto, en el terreno social y académico pensar no está de moda, no es una actividad productiva. En particular, la productividad en el mundo universitario y en la investigación privada, suele valorarse “al peso”, cuantas más publicaciones más “productivo se es”. Pero claro, algo así, no está relacionado con la formación personal del psicólogo.

Para Heidegger, el término “pensar” tiene un sentido muy particular, en su libro “Qué significa pensar”, sugiere que aún no hemos empezado a aprender a pensar. Desde este punto de vista, la tarea del profesional de la psicología consistirá justamente en situar –o volver a situarse así mismo, en el terreno del pensar.

Aristóteles, en su obra: Tratado del Alma II, 5-417 b, 5. nos decía: “Meditar es un progreso hacia sí mismo”. Desde este punto de vista, el arte de aliviar o mejorar a la persona que sufre o padece basándose únicamente en el conocimiento científico no dará la solución esperada: “ayudar a mejorar”.

Recuerdo una cita de Merleau Ponty, comentada por la doctora Martínez-Hidalgo a su llegada del XVI Congreso de la Sociedad Española de Psiquiatría celebrado en la Manga del Mar Menor en 1985, pronunciada libremente por el profesor Kraus, en el laudatio al maestro Hubertus Tellebach, con motivo del Symposium sobre “Psiquiatría Antropológica” celebrado dentro del propio Congreso, que decía más o menos así: “Cuanto más grande es el pensamiento de un pensador tanto más rica es en este pensamiento la parte de lo impensado, lo que quiere decir, que lo que surge primeramente en la elaboración del pensamiento es lo que aún no ha sido pensado”.



Formación Académica: XVI Congreso de Nacional de Psiquiatría, La Manga (Murcia)


Alcanzar la categoría de pensador lleva implícito preguntarse así mismo. “Preguntar –decía Hedidegger-, es construir un camino”. Y construir un camino –decimos nosotros- es un acontecimiento personal donde lo importante no son las respuestas a las preguntas sino la construcción de puentes cuando no sea posible encontrarlas. Y para ello, es esencial no quedarse solo sentado al borde del camino, necesitamos del “Otro” para que estimule nuestro pensar.

Hasta aquí, hemos considerado el “cuidado” y el “pensar” como dos de los hábitos de oro de la formación personal del psicólogo clínico. Pero al analizar de cerca el propósito inicial de nuestra reflexión, nos pareció que algo se nos escapaba y que no podía ser explicado únicamente, como ya dijimos, por la formación académica, ni por el “cuidado”, ni por el “pensar”. En realidad no era algo, sino alguien, la persona del psicólogo. Ya que el psicólogo, además de “cuidarse”, y “repensarse” a sí mismo, sigue siendo persona corriente de “carne y hueso”, como nos enseñó Unamuno, que posee, entre otras peculiaridades, rostro (cara). Y la cara es, de todas las partes del cuerpo –ya lo apuntaban Schiller y Lange (1942)-, lo estrictamente personal. Nuestra tarjeta de presentación.



Presentación profesional. Tarjeta de visita año 2002



Presentación profesional. Tarjeta de visita año 1987


En el rostro del terapeuta, la persona necesitada de ayuda verá la intención inmediata y el proyecto personal que, ambos, serán. Lo primero, lo captará con la “expresión” de datos actuales y pasajeros que el psicólogo manifestará en el transcurso de la conversación; lo segundo, con la “significación” que dará a la pregunta: ¿quién es usted?

Y es que la realidad de la formación académica, en cualquiera de sus modalidades, “no puede reducirse –y en esto parafraseamos a Barcia Salorio, 1987- a lo mental y a lo cerebral, o a lo anímico y corporal”. La unidad científico-técnica implicada en el proceso de formación psicoterapéutica, no constituye aún, ni de lejos la solución esperada al bienestar de la persona que nos consulta. A la totalidad del encuentro entre el psicólogo y la persona que solicita la ayuda, debe agregarse, para que sea un auténtico encuentro, un nuevo elemento primordial:

Que el psicólogo transmita el “conocimiento que de sí mismo tiene”, sin miedo a ser juzgado. En definitiva, que se “presente como se es”.

Agustín de Hipona (2001), decía: “no me conozco del todo a mí mismo” porque, aunque nadie conoce mi intimidad personal como yo mismo, hay algo en mí que ni siquiera yo conozco. Consiguientemente, confesaré lo que sé de mí y confesaré lo que no sé de mí. Lo que sé de mí, decimos nosotros, lo sé porque tú “estás aquí”, frente a mí, y me ayudas a encontrarlo en mí, y lo que ignoro de mí, lo ignoro porque aún no “estás aquí”.

Si extrapolamos lo anterior al encuentro psicoterapéutico, el “estar aquí” –dando algo-, y no el “estar ahí” –esperando algo-, es para nosotros la regla de oro por excelencia de la formación personal del psicólogo clínico. Sólo así, el corazón del profesional dejará de estar inquieto, porque se habrá encontrado con la persona que demanda su ayuda.

Sin la presencia real del que solicita la ayuda, no me conocería a mí mismo, aunque “esto significa siempre un riesgo, porque yo no puedo saber qué es lo que comenzará en ese encuentro –nos dice Tellenbach, 1969-: ¿rechazo, enemistad, confianza, amistad? Pero como quiera que sea, lo que empieza en y con el encuentro, es destino”.

Una persona, alguien desconocido por el psicólogo, solicita por teléfono una cita para tratar un asunto propio. Al carácter causal y aleatorio del encuentro, se suma que siempre acontece de forma casi instantánea y libre. De pronto, el interesado “está ahí” –esperando algo-, frente al psicólogo, no de espaldas, o a su lado, sino vis a vis. La frontalidad del momento y el comportarse-el-uno-hacia-el-otro dota a la situación de sentido porque hay futuro –por eso indicábamos que el rostro (la cara) es programático, utilizando una expresión de Julián Marías-, y el futuro, que es el proyecto que ambos intentan construir, está formando el presente –que deja de ser destino ya que “uno” y “otro”, deciden lo que saldrá de su encuentro-.

Llegados a este punto, la formación personal, no la técnica o académica, del psicólogo frente a la persona que solicita su ayuda, tiene por finalidad realizar algo, esto es, –dando algo: “presentarse como se es”-, y lo que dé el psicólogo, lo realizará en el presente, sin esperar a un incierto mañana, si no, la tarea académica no tendría sentido ya que estaría vacía por no coger la vida personal en el instante vivido.

Como pueden apreciar, el psicólogo que evite vivir el instante, no asumiría ningún riesgo, y esto lo descubriremos en su rostro, por la ausencia de proyecto personal y biográfico que supone no mostrarse como persona tanto en lo que se ve como en lo que se oye.


¿Cómo puede el psicólogo clínico “presentarse como se es”?


La pregunta produce justificada preocupación, ya que sería como preguntar si el amor podría ser una especie de locura.

Los grandes filósofos como Aristóteles o Platón siempre han entendido que hay dos tipos de locura: una locura que no trataremos aquí, y que es patrimonio de los Psiquiatras, y otra locura como la pasión humana, que es positiva e importante, y que es una actitud romántica y no clásica. En ese sentido, “presentarme como se es” –decimos nosotros-, sí puede ser un tipo de locura, porque es un acto de amor.

Ejemplo de “presentarse como se es”:

Mi primera vocación, como la de otros adolescentes de la generación de los 70, fue la poesía. Como ustedes saben, el lenguaje poético, ofrece a aquel que trata de encontrarse y ser fiel a sí mismo una riqueza de múltiples significaciones que la realidad por sí misma no ofrece ya que es imposible expresarse de una sola manera.

“Estoy cansado de ver la masa tan absurda que somos los hombres. Una persona que intenta mejorar el mundo, que dice las verdades, que defiende las situaciones difíciles, ¿tiene que ser un conspirador? ¡Qué ironía intentar defender una paloma y que te tomen por el cazador…!”

Aquella época lírica de juventud me mostró el camino hacia mi verdadera vocación: siendo fiel a mí mismo, también lo seré para los demás.


Fragmento de un poema escrito en 1974. Dentro de él pueden apreciarse correcciones realizadas en compañía de algún compañero de pupitre mientras el profesor daba su clase. En el texto aparecen algunas frases: “¡Hay que hacer algo¡”, palabras: “Dinero”, símbolos(++ //), y flechas dirigidas hacia una balanza que manifiesta la oculta conversación mantenida sobre el significado del poema.


Y, ¿cómo lo hará? ¿cómo se presentará?

Lo hará humanamente, mostrando sus limitaciones aunque para ello tenga que expresarse atribulado, afligido o triste, que es la forma más profunda de presenciación, que es siempre constitutiva de la peculiaridad, y “mismidad” personal.

No se trata, de que el psicólogo, en el encuentro con quien solicita su ayuda, confiese y desnude su humana conciencia, ni de que explique qué secretos puede haber. Se trata de una “donación” personal –siguiendo a Laín Entralgo, 1961-, en la que el psicólogo se abre lo suficiente para el logro de un fin que importa esencialmente a la persona que necesita la ayuda. Aportarle un bien que favorezca su bienestar, sentido y pensado como ayuda para alguien que la necesita, y por lo tanto, una ayuda no carente de rigor y eficacia metodológica y teórica, pero impregnada de autenticidad personal.

Cuando una persona decide acudir al psicólogo no lleva en mente establecer una amistad. Del psicólogo, al igual que otros profesionales que ofrecen sus servicios y ayuda a los demás, se espera que se muestre como persona corriente, dedicada a sus estudios y a su profesión. Que sea humilde, tolerante, con sentido de la belleza y de la aceptación, con cálido respeto al otro como persona y el constante deseo de comprender, con capacidad de escucha, de entender a la gente, de admirarse por el esfuerzo ajeno que hacen todas las personas por salir adelante en la tarea de vivir y existir, de empatizar con sus sentimientos, flaquezas y afectos. Viendo a cualquier persona como a todas las demás. Capaz de aprender de ellos y de ponerse en su lugar. Convencido de que la persona es buena por naturaleza y que hay que ayudarla y apoyarla en su desarrollo, y en su crecimiento personal. Sabiendo encontrar lo bueno en los demás. Es más; nada acertado puede decir o hacer el psicólogo, si antes, en el proceso de su formación académica, no se lo han dicho a él sus maestros o profesores – o al menos eso es lo esperado de una buena formación teórica y metodológica-.

Es verdad que, al principio del encuentro psicoterapéutico, psicólogo y paciente, se verán como a través de un cristal y confusamente y aunque sus rostros estén cara a cara, frente a frente, no alcanzarán el mediodía de la “relación de correspondencia” –expresión que debemos a Tellenbach, 1969- que es siempre un comportarse el uno con el Otro, ya que a veces la vinculación viene precedida de afectos u odios.


Dr. Juan José Regadera


Y como el comportarse el uno con el Otro depende, de uno mismo, del psicólogo y de la persona que solicita la ayuda, se puede también evitar el encuentro, cerrarse a él, a través de la humana capacidad de “distanciamiento, independencia y enfrentamiento con la realidad” –en el sentido de Buber, 1979-. Porque el encuentro “entre” ambos no es algo que resulte de la suma de momentos vividos en la consulta, sino que es siempre algo nuevo y único, cargado de voluntad, de amor y humildad que ofrece el psicólogo a modo de ejemplo cuando muestra sus limitaciones, y no, porque persiga, únicamente, una posible amistad, que también puede perseguirlo, sino por un sentimiento de “estar disponible” para el Otro, de “confirmar”, y ser “confirmado” –como sugiere Buber, 1979-. Que es el fundamento de la convivencia de persona a persona.

Si somos capaces de crear una relación con el “paciente” –nos dice Rogers en palabras de Barcia y Ruiz, 1983-, descubrirá en sí mismo su capacidad de utilizarla para su propia maduración y de esa manera se producirá el cambio y el desarrollo individual. Pero, y esto es lo que nos interesa especialmente, para que se produzca esta relación cuanto más auténtico sea el terapeuta, es decir, cuanto más capaz sea de “presentarse como se es”, tanto más intensa y útil resultara. Y ser auténtico, quiere decir, no ofrecer una fachada y la voluntad de ser y expresar con palabras y conductas los diversos sentimientos y actitudes que existen en mí. “Sólo mostrándome tal cual soy, ha escrito Rogers (1981), puedo lograr que la otra persona busque exitosamente su propia autenticidad”.



Bibliografía:

  • Barcia, D.: El problema alma-cuerpo. Un punto de vista neuropsiquiátrico. Comunio. Vol3, pp.271-287.
  • Barcia, D. y Ruiz, Mª E.: Amistad y projimidad en la relación médico-enfermo en psiquiatría. Folia Neuropsiquiátrica, Vol. XVIII, nº II, pp.121-132, 1983.
  • Buber, M.: ¿Qué es el hombre?. Ed. Fondo de Cultura Económica, 1979
  • Cassirer, E.: Antropología filosófica. Ed. FCE, 1977, México.
  • Heidegger, M.: El ser y el tiempo, Ed. FCE, 2000.
  • Kirk, G.S. y Raven, J. E.: Los filósofos presocráticos. Ed. Gredos, 1974
  • Laín Entralgo, P.: La relación médico-enfermo. Ed. Revista de Occidente, 1961
  • Laín Entralgo, P.: La espera y la esperanza. Ed. Revista de Occidente, 1957, Madrid.
  • Lange, F.: El lenguaje del rostro. Ed. Luis Miracle, 1942
  • Pérez Álvarez, M.: Tratamientos psicológicos. Ed. Universitas, 1996.
  • Rogers, C.: El proceso de convertirse en persona. Ed. Paidos, 1981
  • San Agustín de Hipona: Confesiones. Ed. BAC., 2001
  • Tellenbach, H.: Estudio sobre la patogénesis de las perturbaciones psíquicas. Ed. FCE, 1969
  • Unamuno, M.: Tres novelas ejemplares y un prólogo. Ed. Espasa-Calpe, 1977, Madrid.


Dr. D. Juan José Regadera
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica
Psicólogo Especialista Europeo en Psicoterapia y Clínica y Salud
Psicoterapeuta Acreditado, Colg. Nº MU-00238
Miembro Fundador de Cattell® Psicólogos en Murcia

¿Qué son los tests?

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